martes, 11 de agosto de 2020

CRÓNICAS URBANAS - LA VICTORIA PUNTO DE ENCUENTRO, PROCESO DE PAZ.

Jose Guillermo Salamanca. Fotografía, Créditos, Miguel Arango Devia.

Crónicas urbanas.

Por: Miguel Arango Devia.

La victoria, el punto de encuentro inicial para el proceso de Paz entre el Gobierno y los revolucionarios del Llano.

Todos los escritos que se han editado sobre la ¨guerra que se generó después de la muerte del caudillo Jorge Eliecer Gaitán¨ y la resistencia llanera, se han centrado básicamente en la entrega de armas, es decir lo que llamaron en esa época, el armisticio, ¿pero, como se llegó a eso?

 

José Guillermo, estaba a punto de cumplir los 14 años cuando un día llegaron a la casa, por los lados de Tacarimena, donde vivía con su madre,  unos agentes del gobierno, uniformados de color caqui,  portando fusiles, la mayoría de ellos con la culata tallada en madera y bayoneta calada, quienes penetraron con fuerza a la habitación. Recuerda que. -mi madre y yo, aterrados mirábamos cómo el comandante, junto con dos agentes, se paseó por la sala, los cuartos de dormir, miró por debajo de los camastros y revisó todos los rincones de la casa mientras los otros agentes la rodeaban-.

-A pesar del miedo-, comenta, -todo era muy parecido a lo que hacíamos los muchachos cuando juagábamos a los liberados,  un juego con dos bandos de jóvenes, que simulaban una guerra y las armas, se asimilaban con trozos de  leña que encontrábamos en el monte-. Es el relato de José Guillermo Salamanca Vega, un hombre nacido en Nunchía, Boyacá, por allá a principios de los años 40. 

-Cuando el comandante me miró-, relata Juan Guillermo, -dijo de una, ¨este debe ser chusmero, llévenselo”. No valieron las súplicas de mi mamá quien imploraba de rodillas, llorando agitadamente,  que no me fueran a llevar ni a matar, que era hijo único.  ¡Nada valió! Me sacaron de la casa y me unieron a otros dos muchachos que habían ¨capturado¨ en otra finca de la región-.

Salvo conducto de Jose Guillermo Salamanca. Fotografía, Créditos, Miguel Arango Devia.

-Amarradas las manos con un trozo de cabuya a la altura de mi ombligo, me montaron en el anca de un caballo que jineteaba, uno de los uniformados, quien solo me dio tiempo, para una última mirada a la casa, donde mi mama, de rodillas, imploraba por mi vida- 

La comisión con los dos retenidos, tomó rumbo al Tiestal, hasta llegar, en las últimas horas del día por una angosta pica, a La Victoria, un sitio que hacía de cuartel de las tropas, donde se levantaba una casa en la que sobresalía un amplio salón donde se cruzaban hamacas y chinchorros de diferentes colores y a los costados, unas mesas y taburetes  tallados en madera.

Recuerda José Guillermo, que llegando a la Victoria, -los uniformados se fueron apeando de sus monturas. Quien me llevaba en el anca, se bajó y corrió hacia la tinaja de agua, tiempo que aproveché para soltarme las ligaduras con los dientes, tome las riendas del caballo y lo taloneé, de tal manera, que con la velocidad de un relámpago ya estaba metido en un mata de monte, desde donde escuche las ráfagas de tiros que me hicieron’.

-Había logrado volarme- rememora José Guillermo, -ahora la preocupación era mi mamá, pues, con toda seguridad, van a la casa y la matan-. Por eso tomó  unas trochas que solo lo criollos conocen  hasta llegar en la madrugada a la casa donde su madre aun no paraba de llorar. Desaperó el caballo y le dio sabana,  junto con su madre salieron a pie amparados por las sombras de la madrugada con rumbo a Yopal para dejarla donde unos parientes poco conocidos en la región.

Berardo "El tuerto Giraldo". Fotografía, tomada de el libro "Desde la orilla opuesta".

En cuestión de pocos días, José Guillermo se enroló en las tropas revolucionarias que comandaba, Berardo Giraldo, a quien llamaban El Tuerto Giraldo, donde recibió la formación militar para combatir, fabricó su propio Féjere, un fusil casero tiro a tiro, el cual mantuvo hasta el día de la entrega de armas en el tablón de Nunchía.

Después de muchas misiones, regularmente de abastecimiento de las tropas y de comunicaciones entre los diferentes comandos, José Guillermo recibió la orden de hacer parte del pelotón  que acompañaría al Tuerto Giraldo, a la cumbre de comandantes convocada por Guadalupe Salcedo y Eduardo Franco Isaza, precisamente, en la Victoria.

Felizmente, los uniformados que lo habían perseguido y amenazaron, no estaban. La Victoria y los caminos circundantes, los custodiaban tropas del ejército traídos de Bogotá, combinadas con curtidos combatientes del llano.

En  cuestión de tres o cuatro días, fueron llegando además de Guadalupe Salcedo y sus hombres más cercanos, los Hermanos Eulogio, Francisco y Eduardo Fonseca Galán, José Alvear Restrepo, Dúmar Aljure, Manuel y Roberto Bautista, Carlos Pote" Rodríguez, el Minuto Colmenares, Eliseo Fajardo, Vitelio Castrillón, Marcos Achagua, Victor López, Jorge González.  Alfonso Guerrero (Cariño) Rafael Sandoval “failache”, Eduardo Nossa, Carlos Roa y otros comandantes de no menos importancia.

 

A los dos días de estar reunida la cumbre de comandantes, llego a la Victoria un avión DC-3, del gobierno, de donde fueron descendiendo Carlos Lleras Restrepo, a quien Guadalupe reconocía como el jefe máximo  de las tropas revolucionarias Liberales, además llegaron en persona, el expresidente Mariano Ospina Pérez, Gilberto Alzate Avendaño y Gilberto Vieira, además los delegados de Alfonso López y Laureano Gómez, quienes eran los jefes de los partidos políticos, con quienes se acordarían las bases para un armisticio.

Solo ellos, los que participaron en esta cumbre, saben del acuerdo de Paz, firmado entre los rebeldes llaneros y el Gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.

Lo real, es que el 13 de septiembre de 1953, en el sitio Las Delicias,  Guadalupe Salcedo Unda, entregó su fusil, al General Alfredo Duarte Blum.

 

MITOS Y LEYENDAS - "EL ROMPELLANO".

Tumba de "Rompellano" en Arauca. Fotografía, Créditos, Pedro Antonio Parales Ramirez.

El mito de "Rompellano".

En el cementerio de Arauca la tumba más visitada el dia de los difuntos, sin lugar a dudas es la tumba del legendario “Rompellano”.

“Rompellano” era un antiguo guerrillero de los años 50 que estuvo combatiendo entre el departamento de Arauca y el de Casanare. Su verdadero nombre era Eduardo Fernández Villalobos, Llanero de a caballo, revolucionario de las cuadrillas guadalupanas, oriundo de Paz de Ariporo Casanare, donde todavía se conserva parte de su familia. Era un hombre generoso con los pobres y robaba a los ricos hacendados del llano para ayudar a los humildes.

Luego de acogerse al decreto de amnistía del gobierno colombiano en el año 53, se refugió en Guasdualito, Venezuela. Su muerte ocurrió en Arauca en una cantina del pueblo, donde estuvo bebiendo por tres días. Era el 22 de septiembre cuando lo vieron tomando acompañado de dos funcionarios del servicio secreto SIR (actual DAS). Esa noche “Rompellano” fue asesinado y su cadáver permaneció tendido en la calle. Se cuenta que su cuerpo fue purificado por un torrencial y prolongado aguacero de toda la noche, hasta la mañana del día siguiente que moradores del pueblito lo recogieron y le dieron cristiana sepultura en el cementerio del pueblo, ya que nadie reclamo su cadaver.

Años más tarde llegó una mujer que dijo ser su esposa e intentó llevarse el cuerpo, pero la gente del pueblo no lo permitió. Desde su muerte se convirtió en benefactor de los pobres y necesitados, y en su memoria se canta la canción del cantautor Juan Farfán, que añora los tiempos pasados y aboga por el rescate de las costumbres y las virtudes del Rompellano.

Hoy en día la gente del pueblo y de muchas partes del Llano le tienen gran fe por sus milagros. En su tumba se arrodillan estudiantes, ganaderos, empresarios, amas de casa y hasta políticos de la región que han acudido a sus buenos oficios milagrosos. El seudónimo de “Rompellano” según personas que lo conocieron y anduvieron con el se debe a que a filo de lomo cruzaba extensidades de sabana, como quien dice, oscurecia en un lugar y amanecía en otro lugar distante. Muchas personas dan testimonios de un hombre servicial amigos de los pobres y de los desprotegidos que luchó contra el gobierno tirano de Laureano Gómez al lado del caudillo liberal de los llanos Guadalupe Salcedo.

                       Facebook: Pedro Antonio Parales Ramirez.

lunes, 10 de agosto de 2020

DIA LUCTUOSO PARA YOPAL, Octubre 25 de 1976.

Douglas C47-DL (Hiper), HK-149 EL VENADO siniestrado en Yopal, Octubre 25 de 1976. Fotografía, Créditos, Cap. Mauricio Quijano Rico.

Día luctuoso para Yopal y Casanare, siniestro del Douglas C-47 DL (Hiper) de EL VENADO, de matricula HK-149 al momento de decolar de la antigua pista “La ultima lagrima” con rumbo a Paz de Ariporo, el 25 de Octubre de 1.976. Treinta y dos (32) pasajeros y cuatro (4) tripulantes  perecieron en este siniestro. Cabe recordar entre los fallecidos  la señora Lucila Piragauta, esposa del despachador de El Venado y Secretaria de Educación de la Intendencia en ese entonces.

Esta aeronave estaba comandada por el Capitán Enio Peñuela y la Sr. Lilia Guevara de Garnica como copiloto, con más de 1.000 horas de vuelo. Según los testigos y la investigación, se llegó a concluir que poco después del despegue, el motor izquierdo falló y la tripulación intento regresar a la pista de el nuevo aeropuerto El Alcaraván que  ya estaba casi concluida, con la mala decisión de virar el avión sobre el ala de el motor muerto. "El ala izquierda cayó y la aeronave se estrelló con el morro hacia abajo estallando en llamas". Así lo describe en la narrativa del accidente, la ASN (Aviatión Safety Network).

Al parecer el mayor agravante y  la causa primaria de este accidente fue el sobrepeso de la aeronave (32 pasajeros y cuatro tripulantes) y gran cantidad de carga que llevaba. Estos aviones estaban equipados con 28 sillas.

Así cubrió esta tragedia el periódico EL TIEMPO al día siguiente Octubre 26 de (1.976). 


Informe de el accidente: http://aviation-safety.net/database/record.php?id=19761025-0

Fotografía, Créditos, Capitan Mauricio Quijano Rico.





Fotografía, Créditos al autor.


EL CANTO DE LA PEREZOSA (VIDEO).


Quien no ha oido este singular canto un poco tétrico en el silencio de la noche en alguna finca de el llano?. Acá en Casanare le llaman la Perezosa pero en diferentes regiones de Colombia y demás países de América latina se le conoce con otros nombres como: el pájaro fantasma, el ave de los muertos, el bien parado, etc.... aunque su nombre científico es el Uruatú. Video tomado de Facebook: AVES DE AMERICA (Red de observadores, pajareros y ornitólogos).

domingo, 9 de agosto de 2020

CUENTO LLANERO - LAS CHANZAS DE DON FELIPE.


CUENTO LLANERO

"LAS CHANZAS DE DON FELIPE"

Tomado de la obra “CUENTOS, MITOS Y LEYENDAS DEL LLANO”, del desaparecido escritor Casanareño, Don GETULIO VARGAS BARON.


En un municipio que hace parte del actual departamento de Casanare y que limita en su totalidad con Arauca, según me decía Saúl, el Niño mentiroso, vivió un personaje descendiente de una de las familias más respetables que han existido en este territorio, heredero y hacedor de una inmensa fortuna representada en ganados vacunos y caballares.

Sus antepasados, nacidos en Venezuela, coadyuvaron notoriamente en la campaña libertadora y algunos de ellos alcanzaron grados de consideración otorgados por el libertador; por otra parte, dos de sus ascendientes por el lado materno, hicieron parte de los centauros que conformaron los catorce lanceros, que en el Pantano de Vargas convirtieron una derrota de las Fuerzas Patriotas, en la mas esplendente victoria. De ellos se puede decir que fueron los verdaderos artífices de nuestra independencia.

Felipe se llamaba nuestro personaje y lo apodaban el loco. Era un llanero en toda la extensión de la palabra, generoso como ninguno y amigo del aguardiente. Alto de cuerpo y su contextura no le hacía ningún honor a su apellido. Permanecía, cuando estaba en su hato denominado el Recuerdo, de pie junto al tranquero, contemplando sus extensos dominios y esperando para conocer de muy lejos, a las personas próximas a llegar a la casa. Cuando divisaba a alguien llamaba a uno de sus mensuales y le decía: “aa llaaa, viene julano de tal y seguro viiiene muerto de hambre, eeen su rancho no tieeenen quecomer yyy se vino aaa que yo le de de tragar, vaaya y dìgale a la coca que aaliste unos pocillos de café”. Cuando estaba ya muy cerca el viajero, procedía a abrir el tranquero y le decía: “teeèngase la amabilidad dee seguir, a donde están esos malditos muchachos queee no le han traído un cafecito, y hágame el favor de decirme en que le puedo servir”. Todo cuando le solicitaba, no tenía inconveniente en proporcionarlo, pues era en alto grado generoso y servicial.

Luego de haber dialogado durante un buen rato y una vez que se llegaba la hora del almuerzo, procedía a invitarlo a pasar al comedor y allí lo atendía de la mejor manera, obligándolo, por así decirlo, a ingerir una cantidad de comida que el visitante aceptaba por darle gusto a su anfitrión. Después que se marchaba llamaba a los mensuales y les comentaba: “huyuyuiii, siii se fijaron cómo tragó, seguramente ese pobre hombre hacía días nooo comía, ojala queee no vuelva nunca por que me va a arruinar”.

En una oportunidad estaba, como de costumbre parado en la puerta del tranquero, viendo caer la tarde y contemplando el ganado que llegaba a comer sal, cuando vio en la distancia, a unas personas que se acercaban. Venían a pie y traían unas cargas sobre el lomo de unas bestias; reconoció en los viajeros a unos paisanos o guates, como se le dice en los Llanos a quienes vienen de tierra fría trayendo productos agrícolas de ese clima. Una vez que llegaron y lo saludaron procedieron a pedirle posada, no sin antes ofrecerle todo cuanto habían traído. Don Felipe, que ya tenía dispuesto hacerle una de las suyas a los pobres guates, les dijo: “ustedes no saben quiéeen soy yo, huyuyuii see los voy a decir, yo soy teniente deee la chusma y encargado de la vigilancia en eeeestas tierras, para evitar queee lleguen por aquí gentes malas y me parece que ustedes lo son”. Llamando a los muchachos les ordenó: “haagamen el favor yyy me amarran estos malditos guates a eese palo de mango, peero eso si bien amarrados, por que si se llegan a soltar, se las voy a cobrar bien caro”. Los muchachos que conocían las chanzas con las que le gustaba distraerse don Felipe, procedieron inmediatamente a cumplir con lo ordenado. Luego mandó a descargar las mulas y quitarles las enjalmas, al ver la mataduras que tenían los animales, les dijo: “huyuyuii ustedes son unas personas muyyy malas, cooómo es posible que trabajen a unos pobres animalitos eeen el estado eeen que se encuentran, eeeso sólo lo hace la gente pervertida”. Sacando su revolver disparó varias veces sobre las matadas mulas, causándoles la muerte y para acabar de aumentar el terror que había invadido a los pobres paisanos, agregó: “dentro de un rato les toca aaa ustedes por que, eeeso si, yo no perdono la gente mala y ustedes vienen eees de espías al Llano”.

Los pobres guates lloraban y juraban por Dios que ellos eran buenos, que no eran espías, que eran muy pobres y habían traído esas carguitas de mercado y una de cerveza, para venderla y ganarse algunos pesos, para poder mantenerse ellos y su familia.

Mandó don Felipe que metieran el mercado para la cocina y que le trajeran la cerveza, que él se iba a tomar algunas, a ver si estaban buenas, pues él creía que debían tener veneno, “pero eso sí, huyuyui a mí no me hace nada pero si me llega a doler eeel estómago, los voy a matar yyy los echo al río paaa que se los coman los caribes”. Ellos le decían que se tomara la cervecita que esa era muy buena, pero que no los fuera a matar, por que quién mantendría sus hijitos. Don Felipe se tomó junto con los muchachos la carga de cerveza, se emborrachó y se fue a acostar.

Los pobres paisanos pasaron la noche mas amarga de su vida, llevando puya de zancudo y esperando la hora de su muerte que seguramente sería cuando ese hombre tan malo se despertara. Al amanecer por orden de don Felipe, fue traída la bestiada, mandó amarrar las tres mejores mulas que tenían, les hizo poner las enjalmas, y mandó soltar los guates y les preguntó que en cuánto pensar vender el mercado y la cerveza. Ellos le dijeron que en tres mil pesos. El les respondió: “Ustedes son unos ladrones, eeeso es muy caro”. Los guates llenos de miedo le dijeron que para él no valía nada pero que no los fuera a matar, por que si lo hacía sus hijitos se morirían de hambre. El sacó cinco mil pesos y los entregó a los paisanos junto con la papeleta de las tres mulas, diciéndoles: “leees regalo las mulas yyy lárguense, siii vuelven otra vez por aquí, queee la cervecita sea muuuy buena, lo mismo que la papita yyy la cebolla”.


A los guates les parecía que no era cierto lo que les decía el buen don Felipe; creyeron que habían resucitado y se hicieron la promesa de jamás volver al llano, aunque se volvieran ricos en un solo viaje.

En alguna oportunidad, el autor de éstas líneas se encontró en Guanapalo junto con un hijo de don Felipe, de quien era y es muy buen amigo, nos dedicamos a revisar una pistola calibre 25, pequeña y muy bonita. El la quería adquirir, para obsequiársela a su señora; me negaba a salir de ella, pero él insistía en comprarla y me pidió que le enseñara su manejo. Le saqué el proveedor, la maniobré y disparé, con tan mala suerte que la maldita arma tenía un cartucho en la recamara, que hirió a mi amigo. Este por el impacto del proyectil, al pasar su mano cerca de su ingle y verla manchada de sangre, sufrió un choque nervioso y cayó a tierra.

Sobra describir la angustia que me embargó al ver a mi compañero tirado en el suelo y sin conocimiento. Como es apenas obvio, pensé que lo había matado. Al oír el disparo quienes estaban en la casa salieron presurosos a la caballeriza, donde se había producido el hecho, sin ningún testigo fuera de los que habíamos sido protagonistas. Las señoras de la casa me recriminaron por haberle dado muerte a mi mejor amigo. Les expliqué que había sido sin ninguna culpa, pero todo sobraba. Nadie me creía y a cada momento que pasaba los improperios eran más ásperos. Me di cuenta de que mi amigo respiraba normalmente y, sin pensarlo dos veces, amarré un macho castaño gocho que estaba en el corral. El maldito animal era mañoso por las orejas y aperarlo con la desesperación que tenía, fue un trabajo arduo. Luego de ensillarlo, cogí un caballo aperado que estaba amarrado a un horcón, monté en él, llevé el macho de cabestro y salí como alma que lleva el diablo, con destino a San Luís de Palenque, en busca del médico. Por el camino pensaba en mi mala suerte, ya me creía en la cárcel pagando una muerte en la que no había tenido culpabilidad. Mi única esperanza era que mi amigo viviera para que me eximiera de toda culpa.

Llegué al pueblo como a eso de las siete de la noche, pasé de largo y, me dirigí a la casa de un amigo, quien vivía en la afueras, le rogué que fuera a llamar al médico, aduciendo que su señora estaba enferma. No me atreví a entrar, pues me parecía que la policía ya conocía los hechos y si me veían me tomarían preso. Una vez que llegó el doctor procedí a contarle lo sucedido y le supliqué que fuera. Se negó a viajar de noche; no valían para nada mis ruegos. Desesperado, saqué mi revolver y le dije: seguramente mi amigo estará muerto y para mi desgracia soy el homicida; así, pues, para mí es lo mismo pagar uno que pagar dos. Decida doctor: “o se va conmigo ahora mismo o se muere”. No demoró en tomar la determinación que mas le convenía; aceptó gustoso y pidió volver por un momento al pueblo para traer los elementos y drogas necesarias para hacer una curación de urgencia.

La malicia indígena me aconsejó que no le permitiera su proyectado regreso y le aconsejé enviar un papel con mi amigo, quien iría hasta la casa a traer lo que él ordenara.

Le asigné al médico el caballo con el que yo había llegado y procedí a montar en el maldito macho, por desgracia poseedor de todas las mañas que puede adquirir un animal machiro: tiraba pata cuando uno iba a meter el pie en el estribo, corcoveaba y de que manera y frecuencia lo hacía; se espantaba, se tiraba de lomo; en fin, era un maldito animal de carga al que nunca habían montado.

Cuando llegamos al Hato la Bendición, quien nos abrió el tranquero fue el herido. Estaba perfectamente bien, solo había sufrido un leve rasguño y éste había sido las causa del desmayo. Ya les había explicado a todos mi inocencia y ellos precedieron a pedirme disculpas por no haberme creído.



Viajé a Paz de Ariporo. Pasaron varios años y una vez hubo un desafío de gallos entre ese pueblo y Hato Corozal. Don Felipe vino con ellos. Estando en la gallera me vio y sin mediar palabra alguna me dijo: “huyuyuii aaaqui está el hombre queee me quería matar aaa mi muchacho, queee se eeentienda conmigo, queee yo si le voy aaa enseñar cooomo es que pelean looos hombres”. Me miraba y se llevaba la mano a su faja, ancha de cuero en la que tenía su revolver. Cada vez se me acercaba más, acordándome a cada momento a mi señora madre, y repetía el mismo estribillo. Yo que conocía su manera de proceder, me retiré sin tener en cuenta sus insultos.

Volví más tarde y me sacó corriendo de nuevo con las mismas palabras y por la misma razón. Al otro día y tras de haberle corrido varias veces, pues no quería tener ningún enfrentamiento con tan singular y respetado personaje. Estaba peleando un gallo de mi propiedad al que llamaba Careador, cuando se me vino encima don Felipe: “Huyuyui aaahora si vamos arreglar de una vez. Diiígame, por que me quería matar mi muchacho”. De nuevo llevó su mano a la chapuza donde portaba su arma. Cansado de tantos insultos salté dentro de la gallera, le eché mano a mi revolver y le dije: “Mire don Felipe, yo no tuve la culpa en lo de su hijo y jamás sería capaz de matar a un amigo, pero a Usted sí lo voy a mandar al diablo, para que no me joda más y, dicho lo anterior, me le fui encima con el revolver montado. Entonces grito don Felipe: “Huyuyuii, cóoomo se vé que eeesté muchacho nooo sabe de chanzas”.

 

ARTICULO PARA RECORDAR - ALVARO FULA.

Alvaro Fula, todo un caballero. Fotografía, Nelson Benjamin BarretoVaca. 
 

ARTÍCULO PARA RECORDAR.

Por. Nelson Benjamin BarretoVaca.

Publicado en Facebook, 4 de Octubre de 2014.

Ver a Alvaro Fula es como extraer un personaje del Oeste americano, su aspecto rubio, ojiazul y 1.85 cm de estatura nos recuerda a los cowboy's "Vaqueros" de las peliculas Bufallo Bill o al general Custer.

Este hombre que lleva el apellido de su madre con orgullo, porque el de su padre no lo merecía; eran enemigos por política. Alvarito era Liberal y su papá godo.

De hecho su papá lo desafío muchas veces a los puños o al plomo y Alvaro por evitar una tragedia prefirió salir de casa.

Alvaro Fula en sus inicios en el DAS rural. Fotografía, Nelson Benjamin BarretoVaca.

Llegó a Monterrey huyendole a la violencia proveniente de Macheta Cundinamarca a la finca del finado Luis Alvarez en la vereda Guayabal. Allí trabajo como obrero, luego lo haría en las fincas de Luis y Manuel Fernandez. En una de estas fincas, la Guadalajara, fué donde empezo con don Pablo Bautista a atacar la fuerza pública.

"Me acuerdo que empezando atacamos una patrulla militar cerca a la bomba de don Luis Gonzales y dímos de baja como a 35 soldados, solo quedo vivo un teniente que lo hicimos prisionero. Nos fortaleciamos con las mismas armas de los caidos en combate y muchos de los vivos terminaban uniendosen como el cabo del ejercito Dumar Aljure y un Capitan Gonzales.

Con nosotros era duro peliar porque se combatía era por defender nuestra vida y la de nuestros seres queridos, es por eso que el gobierno no pudo con nosotros. Nos tenían miedo.

 

Guerrilla liberal en Monterrey, día de entrega de armas 15 de Septiembre de 1953. Fotografía, Nelson Benjamin BarretoVaca. 

Yo cargaba un 38 largo Smith Wesson y una escopetica, donde ponía el ojo ahí totiaba.

Vino la negociación y luego de eso, muchos de nosotros fundamos el DAS rural que se hizo pa' combatir el abigeato en el llano, muchos de los ladrones eran nuestros antiguos compañeros y tocaba capturarlos o darles.

Me acuerdo que a un grupo mío el gobierno nos llevó a combatirlos al Meta, Arauca y Tolima. Por allí habían unos bandidos que se hacian llamar Sangre Negra, Tirofijo, Metralleta y Rasguño. Las peleas con estos señores eran muy bravas porque andos bandos éramos unas culebras pa' la pelea. Esos señores después se formaron en guerrillas de las FARC.

Yo fuí comandante en muchos pueblos de Casanare y Arauca y aquí en Monterrey. Fuí testigo de la fundación del pueblo con gente como su tío Jeremias Vaca, Carlos García, Adolfo Castañeda, Carmelita Mendoza, Publió Morales, Filimón Niño y señora, Efraín Rodriguez, Sara Perilla, el papá de Camilo Barreto, Edilberto Barreto, Quinto Barreto y Flora Alfonso entre otros".

Alvaro Fula es otro protagonista de nuestra historia.

 Escrito por Nelson Benjamín BarretoVaca.CSP. Exalcalde Monterrey Casanare 2008-2011.

 

sábado, 8 de agosto de 2020

HISTORIA DE UN SECUESTRO, AEROTACA HK-2760 (16 de Mayo de 1992).


HISTORIA DE UN SECUESTRO

(Adaptación: Jorge Mariano Camacho S.)

Publicado en Facebook: 17 de mayo de 2019.

Es la narración hecha por José Bestene, piloto de aviación, que sufrió los rigores del secuestro hace 27 años, cuando era un “observador” de la empresa Aerotaca, y que ha publicado en su página de twitter. La reproduzco en su totalidad. Las fotos también son de don José Bestene.

Hoy hace 27 años hacia mi primer vuelo de observador para entrar como copiloto a Aerotaca. No esperaba que el comienzo de mi carrera como piloto estuviera tan movida. El vuelo cubriría la ruta Bogotá, Yopal, Tame, Saravena, Bucaramanga y regreso

Diez minutos después de despegar de Yopal, sentí ruido, pensé que unos pasajeros estaban peleando. Al mirar atrás, me apuntaron con una pistola y me cambiaron de silla. Lo mismo hicieron con el piloto, y uno de los secuestradores se sentó en la cabina mientras que la copiloto volaba.

Volamos como 40 min buscando una pista que ellos (la guerrilla) habían hecho para que pudiéramos aterrizar.

Cuando la encontraron, llevaron nuevamente al Capitán adelante y pasaron a la copiloto atrás. La pista era estrecha y corta, pero se logró aterrizar sin daños mayores al avión.

Al bajarnos, nos estaban esperando más terroristas del ELN, a los pasajeros los dejaron ir, menos a 3 militares que iban de civil, desarmados, a su base en Saravena. Nos montaron en un carro y nos llevaron a una pequeña casa donde íbamos a dormir esa noche.

Al día siguiente muy temprano, se llevaron a los 3 militares y nos quedamos nosotros. Esa casa tenía planta eléctrica y en la noche nos sentaron a ver el noticiero cuyo titular fue: “torturados y asesinados los militares del avión de Aerotaca”. Esa noche quedamos mudos...

Al día siguiente uno de los terroristas nos “explicó” que los habían matado porque ellos eran contra-guerrilla y “tocaba”. No se me olvida que uno de ellos siempre tuvo un pequeño cuadro con la foto de su esposa y su hijo. Fue muy fuerte.

Luego nos empezaron a mover a diferentes sitios, algunos eran campamentos improvisados por ellos, otros eran pequeñas casas que le habían quitado a los dueños. Siempre nos cuidaban 10, todos con fusiles. El tiempo iba pasando y no se veía cerca que nos fueran a liberar.

Un par de veces nos sacaron muy rápido de donde estábamos porque el ejército estaba cerca. Se sentía el temor que le tenían, ellos son buenos para emboscadas y ataques cobardes, pero para enfrentarlos no mucho.

La comida era muy variada, arroz con cebolla, al otro día cebolla con arroz.... entre los 10 se turnaban quien cocinaba, pero había uno en especial que cuando le tocaba sabíamos que ese día aguantábamos hambre, cocinaba peor que yo!

A medida que pasan los días había más confianza con algunos, un día me invitaron a jugar fútbol, difícil con botas pantaneras, pero no me importó y por un instante me convertí en una mezcla entre Sergio Ramos y Bedoya, les di patadas hasta que me aburrí.

Mi familia sufrió mucho, ellos recibieron muy poca información y los medios no ayudaban tampoco. Por ejemplo, el ELN había dicho que si movían el avión nos mataban y un día un noticiero dijo que el avión ya lo habían sacado (falso). Se dieron entonces las pruebas de supervivencia: una foto y una grabación.

Twin Oher HK-2760 AEROTACA en Vanguardia. Fotografía, Karl Kramer.

El ELN habla del medio ambiente y de cuidar los recursos pero son poco coherentes. Durante los recorridos vimos varios derrames de petróleo ocasionados por ellos. Un día también vimos un oso palmero, hasta que no lograron bajarlo del árbol y matarlo con un palo no quedaron tranquilos.

Una noche nos dijeron que alistáramos las cosas que al otro día posiblemente nos soltaban. Esa noche fue eterna, no dormimos nada. Finalmente, llegó un carro de un empleado de Aerotaca que nos llevó hasta Saravena. Allí nos esperaba un vuelo chárter para llevarnos a Bogotá.

Después de 28 días secuestrados, cuando llego a Saravena, a la primera persona que veo es a mi Papá que estaba en el vuelo. El abrazo que nos dimos nunca se me va a olvidar! Y por supuesto en Bogotá me esperaba el resto de mi familia, felicidad completa.

Me preguntaban si había tenido el “Síndrome de Estocolmo”, no, para nada; antes, durante y después del secuestro sigo pensando lo mismo, la guerrilla es una plaga que no ha causado sino solo muerte y destrucción en nuestro país y no merecen ningún tipo de indulto.

Tomado de Facebook, cuenta: "Jorge Mario Camacho Sarmiento".